Durante mucho tiempo, hemos dejado secuestrada la palabra “creatividad” en manos de artistas, publicistas, músicos o diseñadores. Pero la creatividad es universal, y todas las personas la tenemos.
A menudo escucho frases como: “Yo no soy nada creativo”, “a mí no me pidas ideas”. Como si existiera un gen creativo que solo algunas personas tuvieran instalado; como si fuera algo exclusivo. Pero la verdad es que no existen personas sin creatividad; lo que sí existen son personas que no han tenido un espacio para ejercerla. La creatividad es una práctica.
Vivimos tiempos en los que necesitamos más imaginación que nunca: para vivir, trabajar, convivir y construir nuevas formas de afrontar los retos que nos rodean. No podemos dejar la creatividad en manos de unos pocos.
Crear no es solo para artistas. Es para todas las personas que intentamos hacer algo de forma diferente. Algo que, aunque sea un poco, pueda cambiar la realidad.
Ser creativo no significa hacer cosas “raras” ni pensar siempre fuera de la caja. A veces, basta con mirar la caja desde otro ángulo. O preguntarse si realmente hace falta una caja. O incluso construir una propia.
La creatividad se enciende cuando damos espacio a la curiosidad; cuando perdemos el miedo a equivocarnos, cuando jugamos, cuando escuchamos más preguntas que respuestas. Miedo a equivocarse… palabras mayores. La creatividad es imperfecta, o al menos así la vemos nosotros. Nos enseñaron a acertar, no a probar. A tener razón, no a hacer preguntas. A no fallar. Pero equivocarse es parte del juego creativo. No hay creatividad sin riesgo. Y donde hay riesgo, hay posibilidad de error.
Todas y todos somos creativos, aunque la rutina, los miedos o las prisas nos hagan creer que la creatividad no es para nosotros. La cuestión es que crear no siempre significa hacer algo grande. A veces, es tan solo cambiar una palabra, proponer otra mirada, hacer algo que no se ha hecho siempre. Eso también es creatividad.
¿Y sabéis qué es lo mejor? Que la creatividad no se agota.
Cuanto más la usamos, más crece. Cuanto más fallamos, más abiertos estamos a descubrir. Cuanto más espacio le damos, más nos transforma.
Es algo imperfecto, que solo tú puedes hacer.